La primera prueba diagnóstica que recuerdo fue la histerosalpingografía, que pasé con 24 años (y tuve que repetir con 36). Una prueba donde inyectan contraste en el útero, y al poco tiempo se filtra por las trompas. Con esta prueba se descartó que tuviera ninguna malformación en el útero, y que el paso por las trompas no está obstruido. El resultado la primera vez fue “todo normal” y la segunda vez encontraron en el fondo del útero una “pequeña adherencia” que podía ser restos de un embarazo (posible tras dos abortos, uno con legrado).

Ecográficamente se veía el famoso “collar de perlas” en ambos ovarios, pero no tenía ni hirsutismo, ni sobrepeso, la regla era puntual cada 28 días (se adelantaba con los nervios, nunca se atrasaba), ovulaba en cada ciclo (esto lo sabía por los test de ovulación, por las curvas de temperatura y por las mil visitas ginecológicas donde confirmaban que había un folículo dominante y que se desprendía dejando el “saco roto”).

Si podía tener problemas con la insulino-resistencia me dijeron al hacerme una curva de glucosa (cuando tenía 28 años).

Al tener dos abortos, la seguridad social me estudió si tenía problemas de trombofilia (negativo), aunque me dijeron que todos los años se descubrían otros muchos nuevos tipos de trombofilia, y nos estudió genéticamente (prueba de cariotipo a ambos), dándonos todo resultado normal.

Estaba bastante cansada de que todas las pruebas fueran normales, porque evidentemente tras 14 años sin conseguir quedarme nunca embarazada por vía natural, y tras dos abortos tras tratamientos FIV, algo tendría que haber mal. Me desesperaba mucho porque si al menos tuvieran una explicación, pues sabría en qué sentido tenía que trabajar (o por el contrario, ir directamente a buscar otras opciones como la adopción, ovodonación, o maternidad subrogada).

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Por una coincidencia, descubrí que tenía la tasa de CK elevada en sangre permanentemente. Vino por una neumonía que me dejó ingresada una semana, que terminó en una rabdomiólisis. Cuando ingresé, no tenía ni fiebre, ni había pasado por un resfriado, ni tosía, nada de nada, sólo había algo que me impedía respirar (como un impedimento mecánico). Por la mañana ya había ido a ver al doctor de familia, que con las mismas pruebas que el hospital, me mandó a casa. En la misma noche insistí, me realizaron una placa de tórax y una analítica donde resultó que tenía la CK en más de 4mil, el fibrinógeno elevadísimo, Dímero D, y unas cuantas cosas más que les llevaron a ingresarme. Al día siguiente me dejaron en bata y en silla de ruedas, delante de la consulta del cardiólogo que descartó problemas en su área. A partir de ahí, venían de neumología y de nefrología a verme a la habitación durante la semana que duró el ingreso.

Posteriormente, al alta del hospital, pasaba mis revisiones en neumología para descartar que hubiera quedado alguna secuela, y todo bien, a excepción de la CK que siempre estaba algo alta (dando a veces el valor de la CK específica cardíaca a veces por encima de la tasa total de la CK, lo cual era una incoherencia).

Miraron entonces las isoformas de la CK, encontrando que tenía una Macrocreatin-quinasa tipo 1 o MacroCK 1, que en sí no es indicativo de ninguna enfermedad.

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Nos dirigimos a una nueva clínica de fertilidad, y la directora de la clínica, a la vez la ginecóloga que me atendió, insistió en que le comentara todo esto a la inmunóloga que colaboraba con ellos, en vez de mirarme como si estuviera loca, como habían hecho en el pasado cuando les insistía que tenía que haber un problema de rechazo. Accedí a regañadientes puesto que nos retrasaría aún más el tratamiento, y no tenía mucha esperanza en que ayudara a mi caso porque lo sentía a estas alturas como un imposible. Nos miró KIR y HLAc, recomendándome que idealmente sólo me transfirieran un embrión cada vez. Me hizo bastante gracia que estando en el inicio, todavía sin haber hecho si tan siquiera la punción, pusiera en su diagnóstico que la próxima consulta era con el embarazo, y me dejó incluso preparados los análisis que debía hacer estando embarazada.

!JA! Pensé … !qué fe tiene! … Como si embarazarme fuera cosa de “coser y cantar”.

Pero la cosa es que con la transferencia de un sólo embrión, más el tratamiento inmunológico depresor y modulador anterior al embarazo, incluso durante el mismo (yo pensaba que me iba a salir un mutante con tanta medicación que incluía hasta pastillas para la malaria), funcionó tan bien que ahora estoy con mi niña de casi 13 meses a la que sigo dando el pecho.

¿Entonces qué pasa con los ovarios multiquísticos?, no creo que fueran el problema, aunque tuve que escuchar que los ovarios así a veces producen muchos folículos, pero de mala calidad. Que mis embriones eran raros, tenían puntas, que se destrozaban con mucha facilidad al pincharlos … Ay ! La de veces que hemos llorado con la llamada de los biólogos del laboratorio.

Muchas veces tengo ganas (también mi marido) de volver a las primeras clínicas a restregarles lo que ahora sabemos, y gracias a ello, lo que hemos conseguido. Con las “peleas” que tuvimos con los gines de las anteriores clínicas, que sólo se limitan a “sota, caballo y rayo”, a lo que están acostumbrados a hacer, y a lo que estadísticamente les va bien a la mayoría, y encima con la impresión de que no nos escuchaban y que evitaban las preguntas. Sólo pasar por caja, y vaya la de vacaciones que durante años no pudimos hacer para pagar los tratamientos. Pero sencillamente teníamos que aprender de ello, eran un peldaño de la escalera para llegar a donde estamos ahora, felices con nuestra pequeña que tuve a los 39 años de edad.

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